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domingo, 20 de septiembre de 2020

TENER LOS PIES EN LA TIERRA

PARTE I

Siempre me caracterizado por ser una persona a la cual no le gusta tener los pies en la tierra, pero aun así me toca, y creo que no solo a mi sino a muchos nos toca estar en esta sociedad la cual, no obliga a tener un estándar y a encajar en ella, ya que los seres humanos no podemos vivir solos, siempre tenemos que estar rodeados de alguien ya que a veces la soledad no afecta demasiado, bueno no a todos, pero si a la gran mayoría, desde que nacemos estamos rodeados de personas a las cuales queremos agradar, ya sea a nuestros padres, hermanos, familiares, a las personas que no cuidan, etc.

Tenemos esa necesidad de agradar, por lo cual no lleva a encajar en nuestros círculos SOCIALES, porque a las personas que queremos agradar nunca están solas, y no queremos enojar, entristecer o incomodar a esas personas por nuestros actos, por lo cual tenemos que encajar en la sociedad.      

No todos piensan así, claro está y Dios me libre de que esas personas desaparezcan, son las que hacen de esta humanidad un poco mejor, que puedan pensar, actuar, y decir lo que piensan sin temor de lo que los demás piensen o de desagradarle a alguien, es lo mejor. (Claro está que hay de personas a PERSONAS)

Lastimosamente para las personas que sufrimos de depresión es distinto, mostramos nuestra mejor cara para no lastimar a nadie por más pequeño que sea ya que vivimos lastimándonos a nosotros mismos y sabemos cómo es sentir dolor, y de mi parte no quiero que otras personas lo pacen, y no queremos que se enojen con nosotros por temor a que nos dejen solos porque a veces estar rodeados de personas nos evita pensar en todos nuestros defectos, los que tenemos y los que nos agregamos que no existen, vivimos contantemente infligiéndonos daños físicos y emocionales siendo los emocionales los más difíciles de curar. Tenemos que estar rodeados para no pensar en ello, y para rematar agradar a las personas que nos rodean, y este conjunto “hermoso” de cosa nos obliga a encajar en la sociedad y también en el paso de querer encajar perdemos la esencia de nosotros mismos.

Tener los pies en la tierra me obliga a ver como sobrevivimos, en cómo nos vierten y en cómo nos convertimos voluntariamente en algo que no queremos ser, a callar lo que no queremos callar, decir los que otros quieren escuchar, me obliga a ver en cómo nos destruimos poco a poco, en ver la esperanza desaparecer de mis ojos cuando me miro el espejo, y en decepcionarme cada día de lo que nos asemos a nosotros mismos, a los otros, y a este mundo el cual albergamos por un tiempo. Yo soy una persona la cual se lastima todos los días pero, en cierta parte del día, me gusta levantar mis pies del suelo y pensar en todo lo bueno que podemos hacer, en que no somos la porquería (algunos) más grande de este pobre mundo y que puedo algún día sentirme orgullosa de la humanidad en la que vivo, lo sé sueño mucho pero quizás, cuando aprendamos a ponernos en los zapatos del otro y a hacer a los demás lo que queremos que nos hagan podrán hacerse estos sueños tan locos en realidad.    





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